Traduzco el texto:
“CARTA A MIS SEIS HIJOS DE PORQUE SOY HUMANISTA
He tenido durante estos últimos años una experiencia mística. Porque mística ha tenido que ser para que, en la década de los noventa, más insolidaria la humanidad que nunca, me dé a mí por recuperar la alegría de vivir, la solidaridad y otros sentimientos que “elevan” al hombre de verdad.
Y me ha dado, porque al volverme más solitario, a la fuerza ahorcan, me he mirado más a mí mismo y me he encontrado bien, siguiendo el mismo camino que en mi juventud, teniendo los mismos ideales, que no ideas, siendo coherentes con ellos y asumiendo mis defectos.
Pero, por encima de todo, he llegado a donde quería: a no ser un hombre infeliz, a no ser una mala persona y a que no me engañen más. ¿Se puede pedir más?...
No se ha cumplido ninguno de mis ideales, es verdad, la revolución de los hombres para ser iguales, ante la ley, para que no mande el dinero, para tener los mismos derechos y obligaciones, para que no exista injusticia, etc. ...no se ha cumplido.
Según el baremo social yo... claro está, he fracasado. No soy famoso, no tengo dinero, no tengo ni si quiera una casa propia para vivir con mi extensa familia... He trabajado desde los catorce años y ¡a lo mejor me quedo sin jubilación!
Sin embargo... he tenido una familia grande siempre a mi lado. Éramos seis hermanos y en mi casa se respiraba fraternidad, solidaridad, bondad e inteligencia.
Mis padres no tuvieron jamás ni piso, ni coche, y yo, que también he tenido seis hijos, también tengo que vivir de alquiler.
Gran parte de mi juventud la dediqué a luchar contra el franquismo y contra el capitalismo mundial, que últimamente se olvida mucho esta parte. Además, me creí lo de democracia, me creí lo de la izquierda y el pueblo en el 82... me creí todo.
Ahora, hijos, sólo creo en las personas. Buenas y malas, las hay en todas partes y partes buenas y malas las hay en todos.
Estoy triste. No porque no hayamos realizado ninguna utopía de mi juventud, sino por el desperdicio de ideas y sentimientos maravillosos. Veo crecer la influencia estúpida de una televisión estúpida, veo que triunfa el no-pensar, el no-sentir, veo injusticia por todas partes, veo crecer el olor a racismo, siguen, ¡increíblemente siguen!, las guerras. En la era del microchip, siguen las guerras y el hambre.
Aunque triste, no soy infeliz. Veo también, crecer a mi lado seis corazones de solidaridad, de humanidad, de ética, iguales a los de su madre.
Veo crecer seis personas que piensan y deciden. Esta carta es un homenaje a mis seis hijos que, aunque no tienen techo propio van a extender humanismo por sus poros.
Pero... Si tan poco ha entendido el hombre, si se matan unos a otros por un trozo de tierra, por un color o por una idea, ¿por qué eres humanista?...
...Porque el hombre, a veces, se vuelve compasivo, solidario e inteligente y entonces emana sentimientos de amistad hacia los demás y se vuelve a creer en él.
Mi experiencia mística está explicada.”
Es el grito desencantado de un soñador empedernido, de los de otra época, que aterriza y quiere dejar un buen legado en sus hijos. A los que reconoce y ensalza, como todos los padres hacemos, como plenos continuadores de sus valores intrínsecos.
Pero yo me he quedado un poco tocado, porque ahí falta, a pesar de que lo nombra someramente, la figura de la madre. Esa otra figura plenipotenciaria para continuar la saga familiar.
Más aún cuando ella como yo, como tantos otros, hemos tenido que hacer de padre/madre, porque haya sido elegido voluntariamente u obligado porque no había otra opción, y ahí quiero rendir yo homenaje a todos aquellos que somos familia monoparental por opción o sin opción.
Y ahí entramos muchos que hemos tenido que hacer de tierno refugio para nuestros hijos, o muro de protección contra las inclemencias del tiempo, así como bastión y valedor de los valores más intrínsecos de la humanidad, como él mismo nos recordaba...
Será este el humanismo que necesita nuestra sociedad, el humanismo que rezuma paternidad, que no paternalismo, maternidad que no maternalismo. El matriarcado ha llegado para quedarse, en el mejor de los sentidos, aparte de juegos de palabras.
Quizás adolezca nuestra sociedad de esa doble cara de la moneda, del redescubrimiento de nuestro Dios padre/madre; y es que dentro de nosotros mismos Dios sembró la semilla de la delicadeza y la ternura que como padre/madre necesitan nuestros hijos; y es que todos tenemos en nuestro interior nuestra parte femenina y masculina, a rescatar y a reclamar ante ciertos extremismos que nadie quiere nombrar.
Pues eso mismo, felicidades a todos esos padres/madres o madres/padres, que nos ha tocado bregar con los mandos de una nave, que sin tener leídas ni las instrucciones de uso, no hemos dudado de ponernos a los mandos, para aterrizar el aparato.

Somos seres finitos, pero es cierto que no es justo que la vida nos dé ciertas sorpresas prematuras, cuando nos quedan tantas cosas por disfrutar...
Si todavía tienes a tu padre/madre cerca no dejes pasar la oportunidad de decirle lo que a veces creemos no hace falta recordarnos, y que todos necesitamos oír no tan de vez en cuando...
Cuélgate a su cuello y susúrrale al oído todo lo que tengas ahora mismo en mente, es ligeramente sanador soltar ciertos nudos que no hay psicólogo que sean capaces de desanudar...
Sólo nosotros podremos ver la cara de alegría cuando sepamos decirnos el amor soterrado que nos profesamos, porque como decía el filósofo: aunque fuese la peor persona del mundo, sigue siendo mi padre...
👌👌💞👏👏
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